Alex Karp no salió a discutir una planilla de precios. Salió a declarar una guerra.
El CEO de Palantir dijo en CNBC que “algo salió completamente mal” con el modelo de inteligencia artificial basado en tokens que usan laboratorios como OpenAI y Anthropic. Traducido al castellano de empresa: las compañías se cansaron de pagar por cada pedacito de texto que entra y sale de un modelo sin tener control real sobre el costo, los datos, el cómputo ni el resultado de negocio.
Y acá está lo interesante: Karp no está criticando desde afuera. Está vendiendo otra película. Una donde Palantir, junto con Nvidia, le promete a empresas y gobiernos algo mucho más atractivo que “mandame tus prompts y te cobro tokens”. Les promete control.
La pelea no es tokens sí o tokens no. La pelea es quién se queda con el margen, los datos y la infraestructura de la próxima economía.
El token se volvió el taxi de la IA
Durante los primeros años de la IA generativa, el modelo de tokens tenía sentido. Querías usar un modelo gigante, pagabas por uso. Simple. Como prender un taxi: subís, viajás, bajás, pagás.
El problema aparece cuando una empresa deja de hacer pruebas lindas para LinkedIn y empieza a meter IA en operaciones reales: atención al cliente, análisis de contratos, soporte interno, reporting, ventas, compliance, logística, código, investigación, gobierno de datos.
Ahí el taxi empieza a salir carísimo.
Cada consulta pesa. Cada documento pesa. Cada agente autónomo que razona varios pasos pesa más. Cada workflow que corre miles de veces por día transforma el entusiasmo inicial en una pregunta bastante menos glamorosa: ¿cuánto me va a costar esto cuando funcione?
Ese es el punto de Karp. Las empresas no quieren “tokenmaxxing”. No quieren maximizar consumo. Quieren retorno sobre inversión. Quieren saber cuánto cuesta, qué ganan, qué datos exponen y qué parte de la inteligencia queda realmente bajo su control.
Palantir entendió algo que muchos todavía no quieren mirar
La IA empresarial no se va a vender solamente como modelo. Se va a vender como sistema operativo de decisión.
Y en ese terreno Palantir juega cómodo. Su negocio histórico no fue hacer un chatbot simpático. Fue meterse en operaciones complejas: defensa, inteligencia, salud, finanzas, gobierno, cadenas de suministro, empresas donde equivocarse no es “ups, salió mal el prompt”. Es perder plata, información o capacidad operativa.
Por eso la crítica a OpenAI y Anthropic tiene doble filo. Por un lado, marca un problema real: usar modelos cerrados a escala puede volverse caro, opaco y difícil de gobernar. Por otro, posiciona a Palantir como la alternativa seria para organizaciones que quieren IA pero no quieren regalar su stack.
Karp lo dijo con claridad: los clientes técnicos quieren control sobre su cómputo, sus modelos, su stack de datos y su “alpha”. Esa última palabra importa. Alpha es ventaja. Diferencial. Margen. Lo que hace que una empresa gane y otra pierda.
Si tu IA depende del mismo modelo, con las mismas reglas, los mismos precios y la misma infraestructura que usa todo el mundo, ¿dónde está tu ventaja?
OpenAI y Anthropic tienen escala. Palantir vende soberanía operacional
OpenAI y Anthropic tienen algo brutal: modelos de frontera, marca global, adopción masiva y una capacidad de investigación que muy pocas empresas pueden igualar.
Pero también tienen una debilidad para el mercado enterprise: son cajas negras caras en un mundo donde los CEOs empiezan a pedir previsibilidad, gobierno y eficiencia.
Palantir está atacando justo ahí. No te dice “mi modelo es más lindo”. Te dice: “no seas rehén del modelo”.
Y esa frase debería hacer ruido en cualquier empresa argentina que esté pensando en adoptar IA de verdad.
Porque una cosa es pagar ChatGPT para uso individual. Otra muy distinta es montar procesos críticos sobre infraestructura que no controlás, precios que pueden cambiar y políticas que se deciden en otro país.
China, DeepSeek y el golpe al relato caro
Hay otro elefante en la sala: China.
Karp también advirtió que la industria subestima la velocidad con la que China avanza en inteligencia artificial. Y no es casualidad que aparezca DeepSeek en esta discusión. Los modelos abiertos o de pesos abiertos pusieron sobre la mesa una pregunta incómoda para los laboratorios cerrados: ¿y si parte de lo que parecía magia carísima se puede hacer mucho más barato?
Ese debate no mata a OpenAI ni a Anthropic. Sería ingenuo decir eso. Pero sí les rompe la comodidad narrativa.
Si una empresa puede correr modelos más chicos, propios, ajustados a su negocio, con costos más bajos y más control sobre sus datos, el modelo “pagame tokens para todo” empieza a parecer menos inevitable.
Y cuando algo deja de parecer inevitable, empieza la guerra comercial.
El problema no son los tokens. Es la dependencia
Acá está la tesis: el token no es el enemigo. Es apenas el síntoma.
El problema de fondo es construir empresas enteras sobre inteligencia alquilada sin una estrategia de soberanía tecnológica. Usar IA externa está perfecto. El error es no tener arquitectura, gobierno, datos propios, procesos internos y alternativas.
La empresa que solo compra acceso a modelos va a terminar optimizando prompts. La empresa que construye capacidades va a terminar rediseñando su operación.
La diferencia es enorme.
- Una consume IA.
- La otra incorpora inteligencia como músculo productivo.
- Una paga tokens.
- La otra captura aprendizaje, datos y ventaja operativa.
¿Y a nosotros qué nos cambia?
Muchísimo.
Porque Argentina está en el momento exacto en el que miles de PyMEs, profesionales y empresas medianas empiezan a preguntarse cómo adoptar IA. Y el camino fácil va a ser abrir cuentas, pagar suscripciones y enchufar herramientas sin pensar demasiado.
Eso sirve para empezar. No alcanza para competir.
La oportunidad real está en armar capas propias: datos ordenados, automatizaciones internas, agentes conectados a procesos concretos, modelos abiertos cuando tenga sentido, nube cuando convenga, local cuando sea estratégico, humanos en el loop donde haya riesgo.
No se trata de elegir entre OpenAI, Anthropic, Palantir, Nvidia o modelos open source como si fuera un partido de fútbol. Se trata de no quedar cautivo de ninguno.
La próxima ventaja competitiva no va a ser “usar IA”. Va a ser saber dónde usar IA alquilada, dónde usar IA propia y dónde no delegar nada.
Palantir va a la guerra contra OpenAI y Anthropic porque entendió que la segunda etapa de la IA no se juega en la demo. Se juega en el margen, en la infraestructura y en el control.
Y si las empresas argentinas aprenden esa lección temprano, pueden evitar el error clásico: llegar tarde, pagar caro y encima no quedarse con el aprendizaje.
La IA no es solamente una herramienta. Es una nueva capa de poder económico.
La pregunta no es si la vas a usar.
La pregunta es quién la va a controlar cuando empiece a tomar decisiones importantes dentro de tu negocio.
Fuentes:
• CNBC: Palantir's Karp bashes token-based AI model as “completely wrong”
• Business Standard: cobertura sobre las críticas de Alex Karp al modelo de pricing por tokens de OpenAI y Anthropic, modelos in-house y partnership Palantir-Nvidia.
• Imagen enviada por Camila Velasco.